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Mostrando entradas de septiembre, 2008

Borrador de agua

Tras de la persiana llega a verse el puntillismo del agua. Más que su plasticidad, me avisa de su llegada, el sonido: palo de lluvia que busca otras canciones en semilla liquida para seducirme.
Mientras, el dolor se mitiga en el hallazgo de la escala musical de la gota en los tejados y azoteas, tan disimil de la humana; los truenos son platillos. Y si el dolor se concentra en sí mismo, genera una tonada minimalista, casi silencio del lamento, que humedece la vista y entra por el caracol al oído para ser filtro de las lágrimas y eco en la curva de su resbaladilla interna. Si hubiera una laguna formada por aquellas gotas, cada nueva gota daría otra sonoridad, haría a la laguna fuente donde el agua cae en acorde.

Cuatro borradores inconexos.

1

-Para cuando vengas, las cuentas del collar se habrán salido del cordel transparente. Cada cuenta será una fragmento de mi cuello, el cual pudiste haber tenido entre tus labios.- Te distraes, crees que bromeo, soslayas. Llevo el hilo a mis incisivos, lo muerdo, se rompe, caen las cuentas. Volteas. Los lapislazuli esféricos, sin reflejo ruedan en el suelo. Te levantas, me miras, te acercas. Finalmente liberado de artificios, lo besas, y con cada beso una cuenta de piedra baja el escalón y cae en la alfombra. Se fragmenta el collar para dejarnos de ser fragmento, por un instante.


2

Cuando camino las calles, el edificio anterior al que miro se disuelve, se desmorona como la piedra que toca el agua e irrumpe en el inverso del paisaje. Si regreso la vista, la piedra pasa y vuelvo a ver el paisaje, intacto. Mis ojos son un estanque, donde los paisajes aparecen y se irrumpen a sí, sucesivamente. Cuando el estanque ondea, es que hay peces que quieren deletrear la superficie.

3

¡Mira, en lo al…