jueves, 16 de julio de 2009

Onceavo paraje de los días sin nombre

¿Cuánto tiempo ha pasado dices? Sí, lo supuse, quedaste adisgusto con la última historia. Exageraste. La vida apenas empieza a desilusionarte, si te pones así por una historia mal contada ¿qué pasará con una realidad en la que te veas mal expuesta? Siempre me escucho como bufón pasado de moda, lo sé. Pero bueno. Trataré de aburrirte menos con la historia de Cirro Lía, aunque de una vez te advierto, la vida humana también es aburrida y a veces es más difícil sobrellevar eso que la actividad más desgastante del mundo. Para empezar la vida de Cirro era aburrida, pero a él eso no lo desagradaba. No pasaba lo mismo con Marcela, cuyo carácter efusivo e hiperactividad eran lo opuesto al humor y personalidad de su marido. Su queja era siempre la misma: "Yo he estado aquí siempre para ti y cualquier actividad es más importante que pasar una tarde juntos, ya no se diga otra cosa".

Así, la vida de Cirro rayaba en el intento de divertir a su esposa el poco tiempo que convivían, infructuosamente, la mayoría de las veces. Ella vivía en el pasado de su relación, cuando "todo se finge para agradar al otro", aumentaba. Cirro creía que aquellos comentarios y actitudes eran formas de chantaje de Marcela, por los que no les daba importancia. Iba del despacho a la casa, pedía la cena, daba un beso fríamente y alegaba que debía levantarse temprano para llegar al trabajo. En la mañana preparaba el café, servía dos tazas y por lo general se tenía que levantar antes de que ella terminara el último sorbo y tras haber cruzado un dialogo bastante monótono: "Buenos días" "¿Dormiste bien?" y demás frases cortas.

Bueno si ya. Mucha emoción. De todos modos ya sé que va a pasar Farfán, se acabó el misterio. Supongo que ella comienza a engañarlo ¿no?, sino no sería el típico melodrama del cual todo mundo esta pendiente, a pesar de saber las consecuencias.

Vienes muy quejumbrosa Lía, me tendrás que contar que ha pasado contigo estos meses. Mmmm, mejor dime que pasó luego de que los cachó haciendo el amor en el cuarto.

Al principio pensó en matarlo a él, luego a ella. El suceso lo trastornó. Toda su pasividad pasó a su opuesto, en un segundo. Lo más sencillo era el divorcio, pero él empezó a tener cuadros depresivos terribles que iban en aumento y en aumento y en aumento. Pensó en vengarse de ella, escribir una gran carta, planear una muerte igual de aburrida que su vida, hacerla sentir culpable.

¡Qué cobarde!¡Eh, los hay peores! ¿Y qué hizo? ¿Ya sabías el final de la historia, no? Pensaba en matarla a ella, luego a él...y, supongo que finalmente fue a él. Lo peor de todo es que ese "él" era un cliente amigo suyo desde hace años. Excelente amigo suyo, por cierto, su mano derecha para tomar ciertas decisiones ¡No lo mataría entonces!, ¡no realmente! El le sería fiel como el no lo fue con él. Ya sabes, en verdad se trataba de serse fiel a sí mismo ¿Entonces?

Fue con un psiquiatra, fingió que estaba loco, trastocó toda la información referente a su vida. Dijo que sufría alucinaciones, que veía cosas que no eran... ¿Y? El doctor le mandó unos sedantes. Compró tres frascos... ¡No!, ¡no es cierto! Sí querida Lía. Escribió una carta haciendo sentir a su esposa como la peor de las mujeres, responsabilizándola por su muerte. Una carta hiriente que jamás pensarías escribiría el Cirro del que has oído hablar en estos relatos. ¿Entonces cuándo vimos a Cirro y la mujer barbada en verdad asistíamos al festín corporal de dos cadáveres?

¡Epa! Tu mente es peor que la mía. No Lía. Tanto las personas que mueren asesinadas, como las que se suicidan no tienen acceso a la famosa Eternidad ¿cierto? ¡Prosigue! Ellos dos fueron personajes de mis sueños durante siete meses ¿Cómo llegaron a ellos?, no lo sé, pero cada uno me contó su historia. Me habías dicho que Cirro se había ido de la cueva sin decirte su historia, mentiroso. Bueno Lía, hoy parece que comiste gallo. Pues no. Todo lo que te he contado son estrategias que fui hallando para sacar información de los visitantes de mi sueños y, finalmente, decidí ayudarlos a superar aquello que no los dejaba morir en paz. Me hice el hacedor de mis sueños. Aprendí a estar despierto en ellos, a poder movilizarlos de acuerdo a mi agrado. Así fue que busqué una forma de redención para ellos. Se me ocurrió que la única y más hermosa era que renacieran tras hacerlos morir al uno dentro del otro. Hay personajes que accionan en mis sueños a placer y ante los cuales yo sólo puedo agachar la cabeza, el viejo de los pájaros, por ejemplo; quizá es que ésto estaba destinado a ocurrir en mis sueños.

Dos muertes unidas para generar un sólo renacimiento, el del ave fénix, el ave inmortal que en algún momento construye una pira funeraria en su propio nido, la rellena de inciensos y plantas aromáticas, y al tiempo que entona la más bella de todas sus canciones, se prende a sí misma hasta extinguirse. No existe otra ave, cuya forma de reproducción sea precisamente el renacimiento. Mi sueño trasformó la dualidad en unidad y le engendró alas. Te parecerá ridículo, pero ocurrió de esa manera. Ya no he soñado con ninguno de los dos. De pronto los extraño. Cada vez que enciendo un cerillo me pregunto cuánto tiempo podrán resistir siendo Ave Fenix sin inmolarse. He allí la mayor prueba a la inmortalidad.