lunes, 22 de marzo de 2010

Edad Selenia (Noche)

Dice Luna

En tu corazón ha nacido el sol,
el sol alumbra a los hombres de la Tierra;

yo dibujo su silueta cuando cae la noche,
su luz es a mi imágen un espejo.

Levanta la mirada.
Su cuerpo, roca entera.
En ella todo organísmo cobra forma en uno
...........................................................[solo.
Pulveriza la roca,
es su corazón el que tiembla y la derriva.

Dice ella

La luna en sus facetas
es cada una de las mujeres.

(Luna calla)

¿El día, la noche son padres del tiempo?

Dice Luna

— Todos tenemos un sol y una luna,
todos somos las edades del sol.

En su cuerpo el corazón extiende los rayos,
sus dedos tiemblan.

martes, 16 de marzo de 2010

Edad Ocre (Atardecer)

El sol descendió hacia la montaña.
Ella guardó las aves de la tarde en su pecho,
las que le enseñaron lecciones de ternura.

La barranca empezó a cerrarse,
así las grietas, fisuras, reflejos.
El sol se hundió en las faldas de la montaña,
se tiñeron las nubes hasta apagarse,violáceas.

La luna se elevó con el silencio en los labios.
Ella sintió la luz del sol alumbrar su corazón.

La noche cubría el cielo,
en ella amanecía ella.

viernes, 5 de marzo de 2010

Edad Aurea (Cenit)

La luz reveló su figura,
despertaron emociones colmadas de sol,
calientes, insoportables a la piel que las resguarda.
Surgió el miedo; amor contenido bajo el ala del corazón .
Oyó el silencio parlante de lo que sin decir dice,
sintió el bombeo de su sangre siguiendo laberintos.

Detrás de los ojos la imaginación del amor,
extranjera que pasa, seduce y se desviste a solas,
la vio reflejarse en el espejo de linfa,
reírse a carcajadas, desvanecerse.

Su alrededor polvo de luz
ascendente espiral en el cuello de la barraca.
Gritó entonces...
-Has un hombre a mi imagen y semejanza.

Respondió la marea en su corazón,
resonancia en su adentro,
música de su adentro,
pausa hacia adentro,
luna oculta.

Su respiración olía a mar
sus labios cristales de sal.

Pidió a la aurora le devolviera su presencia.
No había voces, no había dios, no había ella.
Asomó su rostro en el espejo de linfa,
resbalaron sus máscaras, las abrasó el resplandor solar,
sintió el calor de su corazón estremecerse
y fue ella, por un instante,
amándolo.