jueves, 2 de abril de 2009

Noveno paraje de los días sin nombre

¿Y luego qué pasó?
¡Ah!, creí que la joven Lía ya se había agotado de escucharme y había preferido clavar su mirada al horizonte como suele hacerlo cuando ya la cansó alguien o algo y prefiere hurgar otros panoramas más lejanos, y sacar de quicio al hablante cuando éste le pide el hilo de lo que cuenta y ella le responde "¡Mira esa nube al fondo con forma de señor que estornuda!"
No Farfán, no es así.
Ven, ven.
¿A los parajes?
¡Shhhhhhhh, Silencio! ¡Te van a escuchar! No sé si estás preparada para ver esto.
¡Bufón!
¡Ah!, sí ya sé que me vas a decir. La joven se piensa apta para ver de todo. Bueno pues entonces coloca tus manos sobre tus piernas, respira placidamente y los verás ¡Qué tripleX ni que tripleX, erotismo puro, corporalidad pura! ¡Ah contadorcillo de porquería y su suerte!
¡Tus comentarios, ah! ¡Es que no sabes lo que es la adrenalina del paparazzi asomado en la escena inoportuna de los personajes, la cual desea atrapar con la sutileza tal de no ser adivinado! La diferencia es que no traemos cámara y nuestra única intención es “experiencial”, si se le puede denominar así ¿Ya estás dentro?
Eso creo. Pero ¿no qué eras un ser alejado ya de todo deseo humano?
¡No me molestes! ¿Te imaginas una sílfide en este momento para el bufón? ¡Ah, eso también es espiritualidad señor! ¿Qué ves?
Árboles enormes que tocan el cielo y un rayo de sol que intenta rasgar los besos de las hojas inútilmente.
Bien, entonces ya estás aquí ¿Muy diferente a una cabina de vídeo, no? ¿Me ves? Aquí abajo del Níspero. Tendremos que caminar un poco más.
¡Risas!
Ajá, cállate, cállate, que si Cirro se entera de esto no regresas de los parajes al 2009.
Ahora quédate aquí y observa ¿Los ves?
¡Sí!
¿Distingues quién es quién?
A la distancia no, y en cópula menos.
Es correcto. Ella fue por mucho tiempo la mujer barbada del circo "Q"
¿Los del rito?
Sí, algunos miembros del circo fueron devotos cómo no: los payasos, el mago, la trapecista y el elefante.
¿El elefante? ¿Y cómo sabes?
Porque se hincaba antes las imágenes a las que hacían reverencia y alabanza. Los elefantes son muy inteligentes no los menosprecies.
Si no lo dije por eso.
Bueno, bueno, pero estamos haciendo mucho cuchicheo, de suerte que están lejos que si no... ¡cuello!
Si te digo que no se han dicho una sola palabra ¿me creerías?
¿Pero que no él debía contarle a ella su secreto?
¿Te creías muy perspicaz, no? ¡No todo es predecible en la vida jovencita!
Pues no fue así. Lo que Cirro no se esperaba es que no tuviera que recurrir a ningún intento de artificio para "ligarla", fue instantáneo. Ella, desnuda abajo de un cerezo mirando su imagen en el claro del agua. Es una lástima que en tu 2009 las personas ya no se miren fijamente a los ojos con esa frescura con la que éste par se vio. Los hubieras visto. Te lo perdiste en tu ajetreo cotidiano.
¡¿Viste todo eso chismoso?!
¡Mujer qué tiene de malo! Fui discreto. En sí me preocupé por el camino del Cirro. Además olvidó su libro de contaduría en casa y se lo quería dar, pero llegué tarde pues ya estaba en otra "repartición"
¡Bufón!
¡Ah, barbara!, no me limites ahora que estoy con "el alma" en un hilo. Ese mi amigo sí es hombre, que llegué a dudar de él en algún momento.
Pues yo diría que ahora ya no es siquiera eso, ni ella tampoco es ella.
¿Cómo denominas tú entonces a la unión carnal joven Lía?
¡Esa no es una simple "unión carnal"!
¡Es correcto! ¿Cómo lo supiste?
Por lo que me cuentas surgió naturalmente, y a este instante ninguno de los dos sabe cómo es que están el uno dentro del otro ni lo querrán saber. No hubo plan, no hubo regla, no hubo ley y dicen que eso es pues el amor.
¡Ah, sí tu muy sabia! Pues se equivocan los que dicen que el amor es esto y lo otro y lo de más acá. Sí, hay sentimientos que surgen espontáneos y eso es innegable, y a nuestro contador y la mujer barbada les pasó eso que le vamos a hacer. Es una lástima que hasta ahora...
¿Por qué Farfán?
Me estoy adelantando demasiado.
¿Cirro no ha sido una buena persona?
Niña ¡no quieras saberlo todo! La vida de ella tampoco es fácil y bueno...Vente aléjate un poco...
¡Farfán mira Farfán!
¡Vente, vente, nos van a cachar!, mejor regresemos.
Pero es que Farfán observa...
¡Niña qué...!
¡Un Ave fénix!
¿Pero cómo pasó eso?
Tú y tus ansiedades..., no lo viste, fue impresionante, de pronto cuatro alas se hicieron dos y luego las dos cabezas se hicieron una y pronto el ave se irguió y nació en el cielo.
¡Se convirtieron en una Ave fénix!
Sí Farfán pero cómo...
¡Me veré obligado a contar la historia completa!
Volvamos... Por cierto jovencita ¿Tú no estás enamorada?
No Farfán
Mientes
No Farfán
Sigues mintiendo
No... Bueno es que el enamoramiento es una ilusión, no es el amor...
¿Vas a empezar con tus definiciones? ¡Anda, suelta eso ya! Es absurdo Lía. Tienes miedo a olvidar lo que es estar sola, pero..., ¡te pierdes de algo tan bello por eso! Te pasará lo que le pasó a la nana "Bella Paz" ¿recuerdas ese cuento?
Sí Farfán pero...
Nada de peros, no me respondas si no quieres, respóndete tú ¿A qué le tienes miedo, a más soledad? Es un pacto ¿no?, te lo has dicho tantas veces. Al final del viaje no hay leyes, no hay regla, no hay plan ¡Deja que ocurra Lía! La soledad vuelve finalmente y es mejor haber vivido la compañía que entretenerla para seguir con ella por no desacostumbrarte ya que te has sabido hacer "feliz" con tu solitude. Y...
¿Me contarás la historia de Cirro y la mujer barbada?
¡Ah!, de nuevo te saliste por la tangente. En fin joven Lía, habrás de volver a los parajes entonces en estos días y sí, te contaré la historia de Cirro y la mujer de los cerezos, conocida en el circo como "la mujer barbada" Y tú niña de sombra y soledades, siente esto que te digo. No me eches en saco roto.
Pero sí todo está bien Farfán...
Mmmm, no sé pequeña Lía, no sé. Eres una mentirosa muy audaz pero finalmente mentirosa.

martes, 24 de marzo de 2009

Octavo paraje de los días sin nombre

A Geo y las chicas de Shaktala

Camino. La tierra rojiza extendiéndose abre el paisaje de la montaña... ¿Qué se aprende en el vacío? Viví en la caverna de un bufón loco cuya meditación no sale de su sonrisa. Soy Cirro y vengo del norte. La soñé y quizá el farsante en medio de una fanfarria tenga razón en que he de contarle mi secreto ¿Quién fui? Mentírle al tal Farfán fue tan sencillo. Aquel fraude..., la ruptura con..., mi resistencia a..., mi miedo..., mi fuga hacia..., y finalmente estar aquí. Escucho una tonada oculta entre esos árboles . Me asomo. Un hombre barbudo, enflaquecido, rodeado de pájaros, silba. Su edad semeja la de Matusalén. Me mira profundamente reclamando mi ruido. Disimulo mi presencia. Los pájaros trinan y él silba igual que el trino. Parece llamarme con el ceño. Me acerco. Me siento un intruso en un paraje de silbidos.
Fiu fi fu fiu fi fu fi fi fiu fu fi. No emerge una sola palabra de sus labios. Fiu fi fiu fi fi fu fu fiu fiiiiiii.
Fiu fi fu fuifi fi fi fu fiu fi fi fiu fi fi fiiiii. Me señala haciendo remolinos con los dedos a los pájaros y repite fi fu fiu fi fu fi fi fiu fu fi. Con esto entiendo que los pájaros son sus amigos y entienden su silbido. Intento. Fu fi fi, mueve la cabeza, fiu fi fi, mueve la cabeza, fiu fi fi, mueve la cabeza. Es imposible, no me entiende. Los pájaros empiezan a silbar como yo, pero juntan cada sílaba de mi interpretación. Fu fi fi fu fiu fi fi fiu fi fi. El hombre se acerca consternado y me abraza, me abraza muy fuerte y todos los pájaros me rodean ¿Qué dije?, me pregunto. De pronto el silbido se define fi tei fi tei fiu di ti fi tei tei di ti fi fi fiu fi tei tei di ti ta fi fiu fi ta fiu ta. Aquellas nuevas sílabas parecen provenientes de otros vientos. fiu fiu tei fiu di fu tei. De pronto me imaginé a esas aves como cenzontles. Pero el viento musitó Khyung khyung... No supe si me entendían pero luego de ese abrazo supuse que lo que había dicho había sido muy significativo como para despertar la compasión de las aves. Dejaron de abrazarme y el hombre señaló una brecha que abría luz a otro camino. Me adentré. Ellos siguieron el silbido y el trino. En ese momento sólo hilé que tanto lenguaje aprendido, tantas veces no servía para nada. En ese abrazo obtuve un canto, dedicado al consuelo de mis preguntas. Y no hizo falta más. Sigo el camino y más adentro percibo un claro de agua. Dos amantes juegan desnudos, risa y risa, sin palabras. No les hacen falta. Las olvidaron también. Sólo las miradas y la risa; la risa, el enlace de los cuerpos. Sigo, no deseo interrumpir ni llamar su atención. Tan felices ni me percatan tras la hierba. El camino se hace angosto, muy angosto, cada vez más angosto, hasta que lor árboles vuelven a abrir su tejido de hojas y entonces la veo, sentada en una roca, mirando la lejanía. Es ella.

viernes, 13 de marzo de 2009

Septimo paraje de los días sin nombre

—¡Eh! ¿Estás allí?
—Sí bufón...
Cirro se fue. Dejó una nota.- Querido Bufón (Farfán para los amigos): soñé, soñé que... , bueno, el caso es que en mi sueño se me dijo en donde encontrar lo que quiero ¡Ya sé el camino del que me hablabas! ¡Finalmente lo sé!
— ¿Sabes? Le había empezado a tomar cariño. Recuerdo cuando le pregunté qué demonios hacía un contador publico. Con eso de que los ingenieros dicen que iban a buscar a las contadoras cuando querían algo bueno pero no serio pues, tenía curiosidad. En verdad. A pesar de ser un bufón culto, no sé que hace bien a bien un contador publico. Se río de mi. Al final él me hacía reír más a mi que yo a él ¿Quién lo diría? Él poseía una verdadera sencillez luego de desenmascararlo. Yo no. A mí me cuesta quitarme el disfraz de risa, y por eso mi risa se volvió amarga. Esa vez me respondió de memoria lo siguiente. Me dijo que se lo habían hecho aprender. Tengo fresca su memoria de elefante superior a la de Funes. Ese día citó a toda velocidad como si hubiera estudiado retórica.

Un contador dictamina sobre los estados financieros de una entidad. Maneja el sistema de información financiera y contable como elemento básico para la toma de decisiones. Evalúa la situación financiera de la empresa. Orienta las decisiones administrativas y tributarias de la entidad, con base en la información financiera. Evalúa la actuación de los diferentes departamentos bla, bla, bla, desarrollando programas en los que se pueda fundamentar la planeación positiva. Deberá hacer examen de los registros contables y de los estados financieros para certificar su exactitud. Deberá conocer el marco jurídico legal etc, etc. Deberá conocer, comprender y evaluar las realidades humanas y sociales que influyan en la información financiera.Está obligado a realizar todos los servicios que desarrolla con la más estricta ética profesional... Algo así.


Y luego como si fuera su Padre Nuestro citó algo que denominó decálogo:

Amar la Contaduría Pública sobre todas las otras profesiones
No firmar con su matrícula en vano
Bendecir el 1º de marzo día del contador
Honrar a profesores y compañeros por sus experiencias compartidas
Evolucionar a las empresas
No aceptar contratos impuros
No evadir impuestos pero si eludirlos
No juzgar a los colegas o auxiliares
Utilizar el sentido común
No codiciar los clientes ajenos.

Y le hubiera seguido. Ya había empezado con el juramento JURO POR DIOS Y POR LA PATRIA, cuando no pude evitar salirme por la tangente y decirle: ¡Ea! moralinito y portador de la Fe publica. Entonces ya tengo quien decida por mi de aquí al final de la mi existencia. Así que ustedes liquidan impuestos y todo esos rollos tan "básicos" pero que uno no hace porque ya hay alguien que lo haga por uno. No le causo gracia. Luego lo miré con ojo mordaz y empezó a reírse. Gracias Farfán. Gracias por hacerme ver que no debo tomarme tan en serio.
Parece que fue bueno en eso, según me decía, y yo le dije que como contador de chistes ya soy muy malo. Luego le pregunté de las contadoras y nos reímos aun más.
Me ha dado vueltas la cabeza. Luego de que aprendí a querer al sujeto más enajenado de verse en el vacío, ahora lo extraño a ratos. Aprendió a estar sin leyes ni éticas que seguir. Por lo menos en la cueva aprendió a reírse un poco de esa formalidad, de esa corbata que invisible le colgada del cuello, la que tanto le apretaba.
¿Y por qué ya no abriste ningún libro de filosofía? Le dije. Por que no quería desenfocarme. Por que me agarró la vida y el trabajo y el tiempo y pensé que los otros eran los que me impedían llevar a cabo mi "razón" y mi "lógica". Jamás pensé como ahora me hiciste ver, que realmente no eran los otros los que me impedían hacer las cosas, sino yo el que no quería aceptar que estaba mal, que traía un bloque en mi cabeza. Que quería alcanzar algo a corto plazo. Me volví egoísta, ególatra. Y tienes razón Farfán, la filosofía y la contaduría tienen la ética en común, también la razón y la lógica, y sumadas a lo que estudié harían, además de un compromiso, un humanismo el trabajo en las finanzas ¡Filosofía y matemáticas! Ya sabes luego como se ponía de romántico y tiraba sus discursos parecidos a libro de autoestima personal. Gracias Farfán, gracias... Chistoso el tal Cirro. Pensar que antes odiaba a los sujetos que hablaban así, bajo la nómina de "Y hoy cambié" Igual me estoy dejando llevar por sentimentalismos baratos. Pero ya sabes como soy. Se volvió no tan mala compañía el Cirro ¿O es la costumbre ya la que me hace extrañarlo?
—Yo conozco a un escritor que estudió contaduría. O algo así creí escuchar. Tiene un café, allá donde él vive. Le gusta preparar chocolate Don Gustavo para los amigos. Es un hombre terreo. De pocas palabras en apariencia, pero sincero cuando decide contar una historia de su vida. Lo recuerdo con afecto, a pesar de que por otras causas me alejé de él y de su grupo de amigos. Siempre pensé en él como el más noble del grupo. Los otros hacían bromas de pronto. Lo vi hace poco acompañado por una chica que creo es su novia. Él le prestó un libro a mi madre y yo le presté otro. Alguien con quien salí de ese grupo decía que él era de las pocas personas que lo hacían reír. Reír a carcajadas ¿Te suena Farfán? La única diferencia es que a él no lo vi enojado en momento alguno, y todas las veces que me lo he encontrado es muy jovial. Generoso, buen amigo.
— Sí. Las personas son más sencillas de lo que creemos. Quizá nosotros las hacemos complicadas. Y tú mi niña, has estado triste ¿Di por qué?
— ¡Ay! Bufón, bufón. De pronto siento que los demás piensan que les doy mi tiempo por llenar mi vacío. Porque tengo mucho tiempo libre o realmente no estoy en una dinámica fuerte laboral, ni en la enajenación del mundo que mencionabas y a tantos nos alcanza y nos revuelca si nos dejamos. Y no es así. Pocos tienen la capacidad de ver que es un acto de amor. Que es por compartir, que quizá mi trabajo pudiera ser leer y leer y leer diez libros por semana aunque sólo entienda la mitad. Pero no. De pronto me detengo y digo: existen los otros, los otros a los que amo: mi familia, mis amigos. Si acaso el amor puede concebirse más allá de la carne. Yo por lo menos lo llevo más allá. Pero no. Piensan que realmente tengo tanto tiempo libre y tan pocas "ocupaciones" que por eso tengo para dar y compartir. Yo digo que depende que se considere por ocupación y si sólo ser ejecutivo, trabajar en un despacho, o en cobranza te hace figurar como persona "ocupada". Igual puede decir la señora que contesta el teléfono de su casa "Háblame luego que estoy ocupada", porque su telenovela no ha terminado. O no se quiere perder la escena de como el villano mata al abuelito de la protagonista. Mamá dice que soy muy egoísta, otros que me excedo en generosidad ¿Quiénes están en el extremo, los que me juzgan o yo que no observo el juicio hacia adentro?
— Mi niña ven te abrazo, ven te beso ven te tomo entre mis brazos. Yo soy tu bufón y lo sabes. Yo soy tu bufón que te ama más que ningún otro bufón pues hablo para ti, desde ti. Ven te lleno de besos. Tanto tiempo has negado a tu bufón ¡Quítale la máscara a tu bufón!, ¡ríete con tu bufón! Acepta a tu bufón como él es, para que el mismo suelte la carcajada, como sólo tú lo enseñaste a ser. Cirro se ha ido. Descubrió que quiere algo más que el vuelco de sus recuerdos que no le sirven de nada en este paraje. Ven te abrazo mi niña, ven te beso mi niña. Ven te río entre mis brazos. Yo soy tu bufón amado. Yo soy tu bufón que te ama más que todos los bufones que están por el mundo. Mirame el interior mi niña. Mirame la risa contenida y ríete con ella, o rómpeme si es necesario para que brote toda el agua que guardas por mar. No lo dejes mi niña. No dejes esa parte tuya. Si tu derecha es egoísta y tu izquierda dadivosa o a la inversa, aprende a darte y luego a dar y olvídate de los juicios. Cada quien tiene un juzgado adentro, cuyo juez puede ser tan cruel en la tortura como él desee. Tú no te tortures mi niña, que aquí está el bufón que te ama más que todos los bufones que están en el mundo.

jueves, 5 de marzo de 2009

Sexto paraje de los días sin nombre

A Norma Salazar
Me lo he dicho muchas veces. A estas personas se les ha olvidado "pensar". "Pensar" como se podría "pensar" en una casa de agua con tuberías de cera, o en el hombre de los pies teñidos de azul por el frío, o en la guerra cuyas cadavéricas fotografías ya no es asombro verlas en primera plana. Así, pensar y pensar. "Pensar" la música a tal punto que el compositor olvide que puede hacerse de una botella un instrumento; o como el año aquél que se celebró el Día de la Música en el IFAL y dieron un concierto con cazuelas. Hemos olvidado que en los rituales antiguos no había guitarras, ni saxofones. Quizá sea un error hablar de impostores o sicofantas, que al final de la compostura del lenguaje son aguja en la misma tela, cuando hay que hablar de aquello que eleva la conciencia humana ¿Qué podría saber de lo que eleva a cada quien y hacia donde? Molière siempre quiso ser trágico y por el contrario se volvió inmortal por la comedia. Al final hasta a él mismo le gustó tal teatro.
Tengo una lista de escritos pendientes: un diálogo poético con mi padre, con el que a caso pueda cubrir el poema que le debí en vida; o mejor, preguntarle en sueños que verso le gusta más, si ese es el recuerdo tal cual lo vivido. También entre los pendientes están: una carta a Dios solicitada por el médico, aunque me pregunto si la necesitará en ese formato, que acaso con tal Esencia es mejor comunicase de otras maneras más sutiles todavía. Algunos escritos sabotaje que me librarán de algunos pendientes internos y otros planes más orgánicos, no por eso menos competentes. Y todo ello debo hacerlo con el mismo instrumento: el lenguaje. El lenguaje generó tanto el pensamiento como el ludibrio, esa capacidad de juego y mofa. Ese homoludens histórico, si así lo quieres. A veces he leído libros con palabras tan "pensantes" como apotegma, gnosos, focus, pathos, hemeóstasis, hierofanía, etc , etc..., muchas de ellas necesitadas del recurso del diccionario. Pero en los parajes, si observas a cada uno de sus habitantes, verás que en ellos la falta de cordura en su genio ¿No los has visto? Mira, acercate. Trata de desconectarte un poco. Mira aquí, aquí, más cerca ¿Ya ves bien...?
—Farfán, Farfán... ¡Farfán, dónde te metiste!—
— ¿Cómo lo supiste. Ella te lo dijo verdad? ¡Me traicionó la desgraciada! Eso me pasa por..., me lleva..., pero cómo..., si tú no sabes de... ¡No! Rompiste mi pacto con el señor de la montaña, con mi secta, con... ¿Cómo lo supiste? ¿Cómo?
—Bufón, despierta bufón. ¡Bufón!—
—Yo Farfán. No soy más Farfán. No lo soy, no.—
—¡Bufón! ¡Despierta bufón!
—¡Eh!, ¡qué! ¡Cirro, qué pasó! Dime ¿Cómo fue que...?
—¡Cómo fue qué! Estabas dormido y de pronto empezaste a delirar no sé que tanta cosa de un Farfán y yo me asusté. Me despertaste ¿Puedo ayudarte? ¿Quieres algo?—
—Entonces no fue ella. No fue ella..., fui..., fui yo...
— ¡Pero qué gritos echabas!—
— Todo fue un sueño entonces ajajá, ¡qué alegría! Entonces no sabes nada ¡Celebremos tal acontecimiento!—
— ¡Ah!, ¿soñabas conmigo?—
—Ahora entiendes porqué mi alharaca ¿verdad? ¡Ni siquiera en mis sueños me dejas tranquilo!
No Cirro, no me mires así, sólo bromeaba contigo—
—¿Pero qué es eso de Farfán que te alteró tanto?—
— Nada, nada. Un mal sueño. No me hagas caso.—
— Farfán suena al nombre de un farsante a mitad de una fanfarria. ¡Ah!, pero mis chistes nunca le causan gracia al Rey del humor.—
— ¡Un farsante a mitad de una fanfarria!, ¡un farsante a mitad de una fanfarria!, jiji, jajaja, jeje... ¡Cirro ven! Baila conmigo un poco ¿No recuerdas a Zorba?—
— ¿Quén es Zorba?—
— Un libro que se hizo película. O una película que nació de un libro. Pero no tiene importancia.—
— ¡Un libro que se hizo película!, ¡pero cómo le hizo!..., jujuja.—
¿Los ves? No paran de reírse ¿Percibes sus palabras ahora? Están bajo el hechizo del balbuceo, de la risa, de... ¡eh! Te están contagiando. Pero por Dios, parece que ya soy la única en otra sintonía ¡Eso me pasa por hacerte caso! ¿Qué se siente no pensar, ah...?

viernes, 27 de febrero de 2009

Quinto paraje de los días sin nombre

A Ricardo

Hoy encontré en una Antología poética una carta que debió llegar a la tía Bertha, pero por causas que desconocemos quedó olvidada y ahora le pertenece al libro Poetas de una generación 1950-59, de Escalante. La leí. Me considero metiche, aunque no llevo los resultados de mi metichismo muy lejos, es mera curiosidad interna la gran mayoría de las veces o aquella sensación de hormigueo al penetrar en algo que nos es ajeno. Una carta olvidada en un libro es un acto bastante poético: su olvido, su falta de sentido al lado de lo que leemos, y su total sentido en el abandono de sí misma. Le comenté a Memo, con quien trabajo en Filológicas sobre mi hallazgo, y me dijo que la dejara allí, que esa carta le pertenecía al libro, que él había encontrado alguna vez otro en la biblioteca Samuel Ramos, con una carta que decía que aquellos libros (suponemos que eran más pero aquel tuvo el don de la nota), eran donados a la biblioteca para ser aprovechados por los estudiantes, que su dueño se quitaría la vida pues ya no podía más... "La dejé allí", me dijo, "ese libro ya no es sin esa carta. Esa carta es parte de él como cualquiera de sus otras hojas" Así, mi querido Principito, está carta quedó olvidada en "Los parajes sin nombre" Algún día te toparás con ella; sabrás que esas palabras son para ti, pero le pertenecen igualmente a los parajes, y volverás a escribirme en otra parte o apartado: "Cuando uno hombre se pregunta por quién es, se queda sin respuesta" "La poesía es un misterio en ese sentido y por eso es bella" y seguirás "Esa carta es bella porque le pertenece a ellos, aunque halla sido dirigida para mí, aun así la amo."

Quizá equivoco tus palabras o tu rostro cuando leas que ya no sé que decirle al bufón cuando me dice que ya no soporta a Cirro, que a cada rato le pregunta por su nombre, el cual posee pero ha dejado de importarle en los parajes. Ya no sé que decirle, me dice que se siente acosado. Que además, ese sujeto de contador no tiene un pelo, que sospecha que está frustrado de alguna otra materia. "Le pregunté, me dijo" "Mis padres me prohibieron estudiar filosofía" y, continuó diciéndome "¿Qué hago yo con un hijo de mami y papi que no supo renunciar e imponerse al qué dirán de sus padres? Es un hombre amargado. He intentado hacerlo reír y no puedo. Ya sabes que generalmente cuando uno quiere a drede hacer reír a alguien no lo logra, y saca la carcajada cuando menos lo espera y con el comentario más absurdo que pudo ingeniarse. Por otro lado me hace pensar mucho. Los contadores por lo normal se dedican a sus números. Son seres terrenos. No andan como yo: bufón al que se le frustró la poesía, piense y piense y piense. Yo me volví anacoreta para dejar de pensar, y ahora me toca estar al lado de éste, que no sirve más que para quejarse de que no recuerda, y de que el pasado, y que la historia y que su tía en pantaletas..."

Yo no puedo más que reírme ultimadamente de todo aquello a lo que no le hallo solución cercana "Correlo de tu caverna"...
"¡¿Cómo voy a hacer eso?!, soy hospitalario. No te voy a mentir que el hombre me bajó a la tierra tres días antes de alcanzar el nivel Ajuaru de la meditación ¡No sabes lo que es eso! ¡Horas y horas de concentración! Además tuvo la indecencia de recordarme todos mis deseos humanos. Eso quiere decir que mi concentración no ha servido de nada ¿No te conté esa discusión cesuda sobre los personajes y la vida que tuve con él? Sentí que se me fundía la mitad del cerebro después de hablar con él. Fue la peor función de mucho tiempo. Y él además quería mostrarse superior en cada respuesta a mí, como si me importaran las competencias. Lo bueno es que uno aprende de todo. Para usar palabras petulantes: yo soy un sardónico y él un sicofanta... No pienses en el refresco, a ser verdad nunca superó al Crush, ¡ah!, su botella funcionaba como güiro..., ¡qué maneras de perder el tiempo fingiendo música! Yo como ya no me apego a los objetos y sé que tu no tomas refresco más que en días festivos y prefieres jugo con piquete, no te calentará ni enfriará demasiado mi comentario..." Y así siguió. Para esto, Cirro no lleva ni una semana en su caverna... "No lo soltaré hasta haberlo visto en el piso tirado de risa"...

Yo le comenté que no fuera tampoco pretensioso, que igual no era él del tipo de humor del otro... "Igual no eres su tipo", proseguí... "Pero es que..., sí tienes razón pienso demasiado, pero tu tienes culpa de eso" ¿Yo? le dije, ¿y porqué yo? Podrías correrlo si quisieras. Hacerle un mapa de como llegar a la montaña. Darle la vuelta... "Pero si la caverna es chica. Me acostumbré mucho a estar solo. Además es expansivo el hombre. Ha sabido ocupar toda la caverna con sus triques. Me ha dejado un montículo de piedras para mi" Y así continuó. Y pues le diré que medite sobre eso, aunque sé que pensará que me burlo de él. Luego me dijo "He pensado en tratarlo de tal forma mal que se vaya por mi maltrato" Le comenté que no haría semejante cosa, ajena a sus principios. "Los principios uno los cambia a su antojo" No siempre, asumí. Tu tienes un visitante en casa y es preciso que por ti no quede atenderle.

Seguro tú le dirías algo mejor que yo, o de menos le pondrías tu mano sobre el hombro y lo frotarías cariñosamente como sueles hacerlo diciendo "No te preocupes. Todo irá bien" y luego se reirán de darle importancia a algo tan sencillo como esperar a que el tiempo de partir llegue.

No se quedará para toda la vida, le dije. Eres bufón, sabes del humor o ¿ya olvidaste tu también? Aliviana, algo te dejará, por lo menos saber que sicofanta no es alguien que estudia la mente humana mientras bebe refresco de naranja. Se burló de mi simpleza, pero pues ¡bah!, yo no estudié para bufón, de pronto me sale algún chistorete y de pronto gano algún segundo lugar en eso y no me quedo en el quinto, pero bueno. Ya viene la primavera ¿qué tal sigue el frío? Aquí ya empieza a hacer calor. Wow, mira nada más lo que sale a cuento en una carta y yo que más bien quería saber como estabas... Proyecciones, proyecciones.

Abrazos.

P.D Espero te vayas perfeccionando en el francés y en el beso francés, je je..., y que ya te hayas hecho de un aventurario donde pueda mi metiche nariz leer sobre tus andanzas por Paris y Strasbourg a tu regreso.

domingo, 22 de febrero de 2009

Cuarto paraje de los días sin nombre

—Veo que siempre hay alguien dispuesto a ser otro a quien es.—

—¿No me crees entonces que soy asceta?—

—No. Me parece que sigue siendo un bufón—

—¿Acaso no lo eres tu también, y todos alguna vez?

—No me ofenda.—

—No lo estoy ofendiendo. Más bien usted tiene muy mal sentido del humor. O acaso será que me acostumbré tanto a hacerme reír a mí mismo, qué olvide cómo hacer reír a los demás.

—Quizá las risas que causaba eran fingidas.—

—¡Eh, quién ofende a quién! ¿Y bueno, ya que usted lo recuerda todo...? ¿Quién es usted y de dónde viene...?. —

—Cirro. Y soy del Norte.—

—¿Qué parte?, Ciud, Rumán..., Isud.—

— ¿Qué nombres dice? Los desconozco todos.—

—Entonces usted viene de otro Norte, pero no del Norte que conozco.—

— A ser verdad no reconozco estas tierras. Parecen un desierto..., un desierto sin órganos...—

—¿Y eso no te da tranquilidad?—

— ¡No por dios! A quién le causaría tranquilidad amanecer en un lugar sin nombre, donde todos quieren fingir que han olvidado. Donde Irak ha desaparecido del mapa, donde no ha habido cambios políticos, donde no hay un periódico que te suelte una mentira, ni una crisis.—

—¡Qué tipo negativo! Yo conozco a alguien a quien los transportes sin órganos le provocan pasividad, incluso cierta alegría, pero dejemos eso por ahora. Y cuentame ¿qué es de tu vida?—

— Soy Administrador y Contador...—

—Si y muy malo.—

—Publico señor..., no de cuentos—

—¡Ah!, con dos carreras. Productivo el camarada.—

—¿Y de qué circo salió usted?—

—Sereno muchacho. De ningún circo. Yo fui un mester de juglaría de la modernidad. Pero no sé si escuchó alguna vez que al loco la pena lo vuelve cuerdo...

—Eso sí me causo gracia ¿Hace programas de computadoras para hacer reír a las personas?—

—No. A ser verdad no. No es ese mi menester. Hace tanto que no veo una maquina.—

—¿No hay maquinas en este lugar?—

— En la montaña, cuando llegue, él debe de tener.—

— ¿Quién es él?—

— ¿No que lo recuerdas todo? Tampoco recuerdas a quién le gustan los transportes sin órganos. Estás mal muchacho. Además eres arrogante. El camino tal cual como lo ha marcado la terracería te llevará a la montaña, pero para llegar allí primero tienes que encontrar un fin...

— Quizá desde que se fue..., soy—

— ¡Ajá!, penas del alma. Por eso no escuchas lo que te digo... Planteate un fin muchacho. Te falta hallar a otros seres sin nombre en el camino.—

—¿Tú no tienes nombre entonces?—

— No me hace falta—

—¿Y cómo se refieren a ti?—

—¿Sabes silbar? Hay un hombre más adelante que sólo sabe silbar. Es lo único que recuerda hacer.—

— No me respondiste ¿Cuál es tu nombre?—

— ¿Quién es ella?—

— Si no me dices tu nombre, no te digo su nombre—

— ¡Chantajistas conmigo! ¿Ya ves porqué me volví asceta...? El que se ríe de uno se ríe de todos.

— Tendrás que contarle a la mujer del cerezo lo que te pasa. Ella te aconsejará.—

— No suelo hablar con otras mujeres de mis sentimientos pasados. Me vulnera.—

— Muy mal muchacho, muy mal. Ellas podrían tener alguna historia similar..., y ellas suelen ser más sensibles para esas cosas... Quizá soy romántico, o mal trovador, pero así es. Además siempre es bueno ver el otro lado de la moneda.—

— Pero es probable que termine acostándome con ella si se lo cuento.—

— ¿No puedes conversar con una mujer sin poseerla?—

— Así es—

— ¡Grave! Pues de todos modos tendrás que hablar con la mujer de los cerezos—

—¿Y porqué?—

— Lo irremediable muchacho, lo irremediable. Debes descargar tu historia. Pero no soy yo el apto para saberla—

—¿Cómo estás tan seguro?—

"Érase una vez una ella que quería enamorarse, pero era difícil ya que vivía en lo abstracto del aire, de donde los hombres de tierra escapan la mirada."—

—¿Quién es ella y porqué cantas?—

—Ella es cualquiera y canto porque sí..., una canción que recién me acordó o inventé, no lo sé..., ¿para todo necesitas una razón?—

— Es absurdo—

— Tienes mucho que aprender muchacho. ¡No eres más que un personaje aquí!—

— ¡Un personaje!, pero si soy un ser humano—

— ¿Y un ser humano no es personaje de una sociedad, de un sistema... El capitalismo, la banca, las empresas, las organizaciones civiles.?—

— No. Un personaje es alguien que no existe. Una corporación si existe.—

— ¿Tu crees? Yo soy de carne y hueso, o al menos así creo que me percibes, y puedo inventar que alguien en un trolebus piensa en ese aparato como un sistema sin órganos. Y quizás ese alguien puede delimitar que yo sea un bufón ¿Quién es el personaje de quién? Deberías volverte contador de historias. Aunque no confiaría mucho en ti. Serías parco y dibujarías como tantos un mundo enajenado. Pero ¿nunca te has preguntado si a quien escribe no le pase que a veces sus personajes lo hagan a él, tanto como él o ella los hace a ellos? ¿No podría algún personaje, antes de trazar su dialogo definitivo en un papel, o una maquina de las que tu conoces, conversar con su autor, hacerlo reír en sus adentros, hacerlo reflexionar sobre sus mejores diálogos. Nunca leíste a Pirandello? Bueno. Yo creo que el escritor también es un personaje de sus personajes. —

— ¿Entonces yo soy un personaje de un escritor?—

— No, el escritor es también personaje—

— ¡Con un carajo no te entiendo! He dedicado mi vida al trabajo y al trabajo y al trabajo y al traba... Y a veces a..., a veces a ella...—

— ¡Eh!, tranquilo... No te me proyectes... No sé como no me has sacado de quicio en verdad. Uno se topa cada bufón en esta vida, pero a la inversa... Te diría que te acompañaba en tu camino. Yo alguna vez intenté ser poeta. No hay bufón al que no le pase, pero termina siendo bufón cuando las palabras no se le dan como el quiere..., por eso ya sólo medito. Y sí, muchas veces, cuando llegué a narrar, me hicieron a mí mis personajes. Pero de eso sabrás más en la montaña... Pero antes si tanto sabes administrar, deberás gestionarte un final que te haga seguir caminando o no cabrás en éste sistema, si es que se puede llamárselo tal.—

— Sigo sin entenderte—

— No debes entender nada muchacho. A partir de ahora si es que recuerdas que en alguna parte se está llevando a cabo el año 2009 y el siguiente Ruec, empezará el año nuevo tibetano, si recuerdas que en tu mundo, occidente empieza el año en el mes Yu...,y...—

— ¡Para! Esos nombres fueron los que burlonamente le di a los días que conozco yo y..., ¿cómo los sabes tú?—

— Aquí "nadie" recuerda nada de lo que tu recuerdas, yo soy la excepción aunque parezca contradictorio a lo que soy, y en eso quizá tengas razón en la forma en que me jusgaste al principio. Sólo soy el bufón de un asceta. La verdad duele camarada. Pero tú no recuerdas nada de aquí... Yo sé que así llamas tú a los nombres de los días y meses aquí... Necesitas tus series anuales para existir, ¿y no eres entonces dependiente a un sistema que te hece humano? Sabría que así me entenderías.—

— Pero si no te conocía..., ¿cómo es qué...? Esto es demasiado complicado para mí, demasiado. —

— Es más sencillo que lo que te ha complicado siempre, pero quizá sólo debas soltar un poco... Calma, encontrarás tarde o temprano, y a su momento tu recorrido aquí.—

— Y no regirá "alguien" mi decisión como me dijiste—

— No seas paranoico muchacho. Te he hecho dudar y no era mi intención. A ser verdad todo esto ha sido parte parte de la mi función del día de hoy, incluido tú sin darte cuenta. Por eso te decía que eras mi personaje. Ahora eres Cirro de nuevo. Y yo sigo y seguiré riendo ¿Escuchas el reír de los árboles? Vaya que eres tu el único que no se ríe. Te ves consternado y eso no te llevará a la montaña. ¡Quédate hoy en la caverna donde vivo! Quizá otro paraje te pinte mejor el rostro.—

sábado, 7 de febrero de 2009

Tercer paraje de los días sin nombre

A Luis Eduardo

Cuando era niña los trolebuses eran un granizado hecho con fruta que comía en Mérida. Mucho tiempo después fui a La Reina de Montejo a tomar un trolebus como quien quiere recobrar un sabor lejano. Es bello descubrir que el gusto de la infancia no siempre muda con la edad. Alguna vez estando en Colombia le preguntaron a un mexicano si seguía habiendo trolebuses. Aquel hombre dijo que no. Yo expresé lo contrario pero siempre es más fácil creerle al otro al que le preguntaste, igual y por el hecho de haberle confiado una posible respuesta. Ese día caí en la cuenta de que nunca me había subido a uno, sólo los había visto pasar y perderse entre el resto de los coches y camiones "comunes". Finalmente lo que había defendido aquel hombre en Colombia era cierto. —Existen, pero no tienen un lugar propio en la ciudad. Supuestamente deberían tener un canal de circulación propio, sin que ningún otro vehículo pase por donde él pasa, y no es así. El trolebus electrico se ha perdido entre las ruedas.—
Ahora tenía una nueva curiosidad: conocía el sabor de un trolebus, pero no sabía lo que era viajar en él. No son las mismas imágenes internas las que se dan en el metro, a las del camión, a las del metrobus, a las del tren ligero, a las del trolebus. Aún no conozco el suburbano. Quizá haya más similitud en los tres primeros, pero el tren ligero y el trolebus son especiales. Cuando aún no había subido a un trolebus en mi vida, quería subirme a uno. La idea me causaba una emoción singular, mayor que la de subirme a cualquier juego mecánico en la feria. Ocurría que mi ruta no coincidía con la del trolebus. Mucho tiempo después comencé a bailar, y mis clases coincidían con la ruta, pero olvidaba que aquél extraño trasporte con una correa metálica ligada a un trasformador en una extraña pero apasionada relación, tiene paradas precisas. La primera vez que subí al trolebus sentí un hormigueo en el estómago. Es el único trasporte donde haces penetrar la(s) moneda(s) en una especie de urna blanca en forma de paleta, lo que cambia tu contacto con el aparato desde ese instante. Por principio, te obliga a tener dos pesos, pues los conductores no suelen tener cambio y su labor es mirar hacia enfrente del "programador", apretar una palanquita gracias a la cual las monedas desaparecen tras la faringe de la máquina misteriosamente. Los condutores no hablan demasiado ni tienen a su canchanchán al lado como los camioneros para ir palticando de sus viejas, o a falta de canchanchán con la vieja misma. Los conductores de los troles son serios, parecen robots; finalmente te dan un seguro de viajero: un papel azul y verde que asegura tu vida mientras viajes en el dicho aparato. El más amable de los conductores te dirá que lo conserves para tu seguridad en el viaje.

En una ocasión subí a un trolebus completamente vacío. Me senté en la última fila, en el asiento de en medio y nadie subió hasta mi bajada. Un trolebus vacío da la sensación de que se perderán los días: un esqueleto sin organismo se mueve suavemente y te da un aspecto de la ciudad a la ventana: no un recorrido sino un deslizamiento. Aquél paisaje no brinda nostalgia, sino una leve sonrisa a punto de definirse por completo. Como si esa soledad, donde tan distante el conductor incluso él es un fantasma, fuera una revelación ¿Qué pasaría si no hubiera días? ¿Si hubiera un día entre domingo y lunes? Viajar en trolebus siempre me ha dado otra perspectiva del espacio, de mis pensamientos. Es sábado. Esta vez hay mucha gente. Pienso en la forma de centrarme de alguna manera, se me ocurren ejes, planos, mi ser como el rector del espacio que no es precisamente el que rodea sino el propio ¿cómo ser tu propio eje? Quizá sea la electricidad la que conduce así la maquinaria de lo que ordeno. Pocos transportes son conducidos por la electricidad. Eso da cierta sensación de vuelo. Los recuerdos tarde o temprano deslizan a otra parte...

Allí, apremia el existencialismo —pienso— Demasiado miedo al olvido, pero también a la compañía. Una caminata para encontrar lo perdido... —Quizá le hace falta dejar de preocuparse por la existencia...— Eso le dirá el exbufón, sentado en loto, tras haber agsotado todas las risas ajenas, y descubrir que le hacía falta reírse a sí mismo. Entonces se volvió asceta y olvidó que habían olvidado los hombres —Río todo el día y sigo riendo—. Así supo que la felicidad es reír sin saber por qué. Dejar que el río corra sin preguntarle al agua por qué.

Clamor Sirio

  Encontré esta selección de poetas nacidos en Siria; publicados en la revista Nexos hace dos años. Leerlos me dio una clara imagen de lo ...