lunes, 5 de julio de 2010

Dedicatoria

Dedico esta serie de poemas a mi mamá, Eloísa Gottdiener,
a mis hermanas Isaura y Alina González (a las tres: en la Unidad);
a Alejandra Vega Hernández (en su duelo),
a José Alberto Conrado Flores (en su complicidad),
a Eduardo Alarcó Azuela (en su silencio);
a Susana Esquinca (en su alegría),
a Raquel Huerta Nava (en su generocidad),
a Luis Eduardo Vargas Osornio (en su franqueza).
Y en sí, a todos los amigos(as) que reconozcan en su interior,
las edades del Sol.

Espíritu de Tiempo/Espíritu sin Tiempo



Espíritu de Tiempo


-Apártate de mi;

él no respondió.

Ella se dirigió a otros

-¿Quién le dijo al Tiempo
que podía imponer sus soles?

- No los impone,
dijo uno,
cada quién los siente.
Podría ignorarlos si quiere;
su espíritu se volvería de roca
y en ella golpearían,
sin día, sin noche,
las olas.

-¿Y usted quién es para juzgar al Tiempo?,
dijo otro.
¿Acaso usted no se impone ante nosotros
para acallarlo?
Nadie ha podido con él.

-Pequeña ,
dijo un último,
¿qué te han hecho esos soles?,
si dan el calor a la aurora,
el candor del medio día,
el celaje de la tarde,
el aviso de la luna en la noche;
y te han dado a ti
la paleta de tus emociones
para que la combines
con los juegos de luz
a tu antojo.

Bajó su mirada,
el corazón se pobló de murmullos
que, indescifrables, sólo sentía vibrar en su oído;

esa fue la respuesta del Tiempo



Espíritu sin Tiempo


¿Si te quito tus emociones, te quito la luz?,
¿qué harías?,
¿dejarías de sentir o sentirías más?
Si no hubieras visto la reconstrucción de tu adentro,
¿valorarías?,
¿sabrías lo que es la grieta?

Ignórame cuando quieras,
arrancame las manecillas;
volveré a ti siempre
a recordarte las horas.

No puedo quitarte tus soles;
si acaso puedo hacer
que el segundero guarde silencio
y las manecillas caminen en puntillas.

lunes, 22 de marzo de 2010

Edad Selenia (Noche)

Dice Luna

En tu corazón ha nacido el sol,
el sol alumbra a los hombres de la Tierra;

yo dibujo su silueta cuando cae la noche,
su luz es a mi imágen un espejo.

Levanta la mirada.
Su cuerpo, roca entera.
En ella todo organísmo cobra forma en uno
...........................................................[solo.
Pulveriza la roca,
es su corazón el que tiembla y la derriva.

Dice ella

La luna en sus facetas
es cada una de las mujeres.

(Luna calla)

¿El día, la noche son padres del tiempo?

Dice Luna

— Todos tenemos un sol y una luna,
todos somos las edades del sol.

En su cuerpo el corazón extiende los rayos,
sus dedos tiemblan.

martes, 16 de marzo de 2010

Edad Ocre (Atardecer)

El sol descendió hacia la montaña.
Ella guardó las aves de la tarde en su pecho,
las que le enseñaron lecciones de ternura.

La barranca empezó a cerrarse,
así las grietas, fisuras, reflejos.
El sol se hundió en las faldas de la montaña,
se tiñeron las nubes hasta apagarse,violáceas.

La luna se elevó con el silencio en los labios.
Ella sintió la luz del sol alumbrar su corazón.

La noche cubría el cielo,
en ella amanecía ella.

viernes, 5 de marzo de 2010

Edad Aurea (Cenit)

La luz reveló su figura,
despertaron emociones colmadas de sol,
calientes, insoportables a la piel que las resguarda.
Surgió el miedo; amor contenido bajo el ala del corazón .
Oyó el silencio parlante de lo que sin decir dice,
sintió el bombeo de su sangre siguiendo laberintos.

Detrás de los ojos la imaginación del amor,
extranjera que pasa, seduce y se desviste a solas,
la vio reflejarse en el espejo de linfa,
reírse a carcajadas, desvanecerse.

Su alrededor polvo de luz
ascendente espiral en el cuello de la barraca.
Gritó entonces...
-Has un hombre a mi imagen y semejanza.

Respondió la marea en su corazón,
resonancia en su adentro,
música de su adentro,
pausa hacia adentro,
luna oculta.

Su respiración olía a mar
sus labios cristales de sal.

Pidió a la aurora le devolviera su presencia.
No había voces, no había dios, no había ella.
Asomó su rostro en el espejo de linfa,
resbalaron sus máscaras, las abrasó el resplandor solar,
sintió el calor de su corazón estremecerse
y fue ella, por un instante,
amándolo.

domingo, 28 de febrero de 2010

Edad de canto (Aurora)

El silbido del volcán exhala los rojos de la aurora.
En el claro de la barranca se refleja la ciudad,
diluída entre las ondas, repentina.
Apabullante el vacío sin recuerdos,
ni pasado, ni futuro; el presente, desierto.
Su rostro innombrado,
las gotas salinas recorren sus mejillas,
son el temblor más fino del agua.

El canto de piedra resguarda los sonidos
sin lenguaje o articulación de la memoria.

La recorre el miedo como sombra ,
intuye las respuesta de un Dios.


—¿Acaso no te encontraste ahora
que la sucesión de tus dudas,
tus recuerdos y anhelos se aleja?
Cocemos el futuro,
recalentamos el pasado,
y pasa crudo el presente sin divisarlo.
Ahora te estremeces y saboteas la realidad
la que te desbarranca y te deja sin adelante o atrás.
¿Acaso no te encontraste ahora que ves más allá de un nombre
que tu rostro te dice lo oculto ayer no por olvido?

Ella busca su rostro en el espejo de agua,
el agua lo da y ella lo observa.

Las ondas se alejan,
con ellas la nostalgia del pasado, del futuro.

El resplandor del sol cincela su presencia.

domingo, 7 de febrero de 2010

La edad del Sol

Las soledades vividas equivalen las edades del Sol,
al decirlo tiembla ser adentro, quiebra medio ser;
no la parte en dos la grieta,
deja una barranca donde entra el silbido del viento
y la lluvia forma una cañada al erosionarse las rocas.

Empieza la conformación de la nueva era.
La tierra no se define con libertad,
cuestionan los designios la luz,
aquella que entró hasta iluminar el fondo.

No son demonios, son pensamientos
seres que maldicen su corazón,
recuerdan.
Es su propio ser que intenta cubrir la barranca;
en ella han nacido peces,
crecen flores y árboles silvestres,
caminan pequeños animales.

Lamió sus heridas, las que quedaron tras el deslave,
asomó su rostro al precipicio, la luz giraba hasta el fondo
descendiendo en espiral hasta tocar el espacio naciente.

Bajó lento las rocas hasta el claro del agua
¿Quién eres tú?, no eres yo,
ondeó la imagen fluída.
¿Quién eres tú?, no yo,
ondeó la imágen de linfa.
¿Acaso existes tú, acaso?

Miró a los peces, los animales,
el deslave en los muslos.
Miró el abismo recorrido
¿Quién eres?

Silencio, la cañada extiende su canto.
Mira los animales, los peces,
el viento ligero distiende la espesura.

Vuelve a buscar aquél rostro
el claro es nítido, trasparente,
sin faz, máscara o fisura,
en él no se refleja nada,
ni tu, ni yo, ni persona.

Clamor Sirio

  Encontré esta selección de poetas nacidos en Siria; publicados en la revista Nexos hace dos años. Leerlos me dio una clara imagen de lo ...