domingo, 7 de septiembre de 2008

Cuatro borradores inconexos.

1

-Para cuando vengas, las cuentas del collar se habrán salido del cordel transparente. Cada cuenta será una fragmento de mi cuello, el cual pudiste haber tenido entre tus labios.- Te distraes, crees que bromeo, soslayas. Llevo el hilo a mis incisivos, lo muerdo, se rompe, caen las cuentas. Volteas. Los lapislazuli esféricos, sin reflejo ruedan en el suelo. Te levantas, me miras, te acercas. Finalmente liberado de artificios, lo besas, y con cada beso una cuenta de piedra baja el escalón y cae en la alfombra. Se fragmenta el collar para dejarnos de ser fragmento, por un instante.


2

Cuando camino las calles, el edificio anterior al que miro se disuelve, se desmorona como la piedra que toca el agua e irrumpe en el inverso del paisaje. Si regreso la vista, la piedra pasa y vuelvo a ver el paisaje, intacto. Mis ojos son un estanque, donde los paisajes aparecen y se irrumpen a sí, sucesivamente. Cuando el estanque ondea, es que hay peces que quieren deletrear la superficie.

3

¡Mira, en lo alto de ese edificio de cristales, se ve la sombra de un hombre! ¿Puedes verla? Concentra tu mirada allí, en el columpio de madera.
-No Marcelo, esa no es la sombra de un hombre, es el engaño de la luz que nos da siluetas-

4
En un consultorio, una paciente espera cita, mientras lee en una revista edificante para mujeres, las siguientes lineas.

-Si le digo que sí desde la primera vez, creerá que soy fácil y no me tomará en serio, si le digo que no, quizá lo pierda para siempre ¿Cómo puedo decirle que no sin que pierda el interés? Tete

Respuesta de Iván Corazones:

Querida Tete:

Pídele un tiempo para pensarlo: no más de una semana. Haz algún gesto que le haga dudar más de un sí que de un no. Ya no estamos en el tiempo de tu abuelita Tete, los hombres han cambiado, pero entiendo tu miedo amiga se soluciona fácil con psicoanálisis. Por lo pronto, si es que la repuesta aún te ayuda, te digo que pidas tiempo, y llegues fragante a la siguiente cita, con unos zapatos nuevos y un vestido de moda, conciéntete un poco, y no dudes de ti amiga, no dudes.

Ella cierra la revista y piensa en una canción de Molotov la canta entre dientes "Matate Tete que te mates Tete, te digo que te mates que te mates Tete."

¿Señorita Esther Suarez? -¡Dígame!- ¿Es su primera cita?- Sí- El psicologo Ivan Reyes la espera, aquí tiene un breve formulario, por favor llénelo antes de pasar.- Gracias.

Tache con una cruz cierto o falso.

¿Problemas de decisión?
¿Problemas para comunicarse con los padres?
¿Problemas para comunicarte con la sociedad?
¿Problemas de aceptación?
¿Toma alguna droga o tiene alguna adicción?
¿Ha intentado atentar contra sí misma?

Aquí tienes una salida a tus problemas. Confía en ti misma. Libera tu alma.

-Este..., señorita, voy al baño, ahora le traigo el cuestionario- Y Tete corrió escalera abajo hasta arrollar los escalones.

1 comentario:

  1. De mal entendidos y otras cosas:

    1.- Salir de la oficina con la certeza de que una mujer está en su cama. Piensa en lo que ha escrito. Piensa en lo que está destinada a escribir. Alrededor el hastío aparece como astillas: la mesa, la ventana.
    2.- Esa mujer extraña los puentes. Una obsesión común, como tantas otras con los Turno. Extraña las caminatas por avenidas mojadas por la noche.
    3.- Yo extraño a esa mujer sobretodo en dos momentos: El día en que conocimos a Iñaki, Faustino y Catalina. La noche en que Andréi, esa mujer y yo descubrimos que era tiempo no de buscar sino de aceptar que habíamos encontrado. Habrá un tiempo de búsqueda y otro tiempo de recompensa. El otro momento es la madrugada en que Avril, la mujer y yo entramos a la Ópera y nos hicimos cientos de fotos. También estaban presentes Catalina y Faustino, esos otros escritores que por momentos son más reales que nosotros.
    4.- Con cada Turno hay un diálogo distinto. Pero entre la mujer y yo existe desde que yo la escuché leer en el taller de Lavín unos poemas incomprensibles y se fortaleció en la Cafetería del Universum cuando su voz me evocó la que me pertenecía a los veinte años. Por instantes siento que en el Turno se desvanecen nuestras personalidades, a veces soy tan cercano a Ánuar, a Sosa.
    5.- Tantos párrafos para decir que la mujer es Natalia. Para escribir que la amo muchísimo

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