viernes, 5 de marzo de 2010

Edad Aurea (Cenit)

La luz reveló su figura,
despertaron emociones colmadas de sol,
calientes, insoportables a la piel que las resguarda.
Surgió el miedo; amor contenido bajo el ala del corazón .
Oyó el silencio parlante de lo que sin decir dice,
sintió el bombeo de su sangre siguiendo laberintos.

Detrás de los ojos la imaginación del amor,
extranjera que pasa, seduce y se desviste a solas,
la vio reflejarse en el espejo de linfa,
reírse a carcajadas, desvanecerse.

Su alrededor polvo de luz
ascendente espiral en el cuello de la barraca.
Gritó entonces...
-Has un hombre a mi imagen y semejanza.

Respondió la marea en su corazón,
resonancia en su adentro,
música de su adentro,
pausa hacia adentro,
luna oculta.

Su respiración olía a mar
sus labios cristales de sal.

Pidió a la aurora le devolviera su presencia.
No había voces, no había dios, no había ella.
Asomó su rostro en el espejo de linfa,
resbalaron sus máscaras, las abrasó el resplandor solar,
sintió el calor de su corazón estremecerse
y fue ella, por un instante,
amándolo.

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