sábado, 7 de febrero de 2009

Tercer paraje de los días sin nombre

A Luis Eduardo

Cuando era niña los trolebuses eran un granizado hecho con fruta que comía en Mérida. Mucho tiempo después fui a La Reina de Montejo a tomar un trolebus como quien quiere recobrar un sabor lejano. Es bello descubrir que el gusto de la infancia no siempre muda con la edad. Alguna vez estando en Colombia le preguntaron a un mexicano si seguía habiendo trolebuses. Aquel hombre dijo que no. Yo expresé lo contrario pero siempre es más fácil creerle al otro al que le preguntaste, igual y por el hecho de haberle confiado una posible respuesta. Ese día caí en la cuenta de que nunca me había subido a uno, sólo los había visto pasar y perderse entre el resto de los coches y camiones "comunes". Finalmente lo que había defendido aquel hombre en Colombia era cierto. —Existen, pero no tienen un lugar propio en la ciudad. Supuestamente deberían tener un canal de circulación propio, sin que ningún otro vehículo pase por donde él pasa, y no es así. El trolebus electrico se ha perdido entre las ruedas.—
Ahora tenía una nueva curiosidad: conocía el sabor de un trolebus, pero no sabía lo que era viajar en él. No son las mismas imágenes internas las que se dan en el metro, a las del camión, a las del metrobus, a las del tren ligero, a las del trolebus. Aún no conozco el suburbano. Quizá haya más similitud en los tres primeros, pero el tren ligero y el trolebus son especiales. Cuando aún no había subido a un trolebus en mi vida, quería subirme a uno. La idea me causaba una emoción singular, mayor que la de subirme a cualquier juego mecánico en la feria. Ocurría que mi ruta no coincidía con la del trolebus. Mucho tiempo después comencé a bailar, y mis clases coincidían con la ruta, pero olvidaba que aquél extraño trasporte con una correa metálica ligada a un trasformador en una extraña pero apasionada relación, tiene paradas precisas. La primera vez que subí al trolebus sentí un hormigueo en el estómago. Es el único trasporte donde haces penetrar la(s) moneda(s) en una especie de urna blanca en forma de paleta, lo que cambia tu contacto con el aparato desde ese instante. Por principio, te obliga a tener dos pesos, pues los conductores no suelen tener cambio y su labor es mirar hacia enfrente del "programador", apretar una palanquita gracias a la cual las monedas desaparecen tras la faringe de la máquina misteriosamente. Los condutores no hablan demasiado ni tienen a su canchanchán al lado como los camioneros para ir palticando de sus viejas, o a falta de canchanchán con la vieja misma. Los conductores de los troles son serios, parecen robots; finalmente te dan un seguro de viajero: un papel azul y verde que asegura tu vida mientras viajes en el dicho aparato. El más amable de los conductores te dirá que lo conserves para tu seguridad en el viaje.

En una ocasión subí a un trolebus completamente vacío. Me senté en la última fila, en el asiento de en medio y nadie subió hasta mi bajada. Un trolebus vacío da la sensación de que se perderán los días: un esqueleto sin organismo se mueve suavemente y te da un aspecto de la ciudad a la ventana: no un recorrido sino un deslizamiento. Aquél paisaje no brinda nostalgia, sino una leve sonrisa a punto de definirse por completo. Como si esa soledad, donde tan distante el conductor incluso él es un fantasma, fuera una revelación ¿Qué pasaría si no hubiera días? ¿Si hubiera un día entre domingo y lunes? Viajar en trolebus siempre me ha dado otra perspectiva del espacio, de mis pensamientos. Es sábado. Esta vez hay mucha gente. Pienso en la forma de centrarme de alguna manera, se me ocurren ejes, planos, mi ser como el rector del espacio que no es precisamente el que rodea sino el propio ¿cómo ser tu propio eje? Quizá sea la electricidad la que conduce así la maquinaria de lo que ordeno. Pocos transportes son conducidos por la electricidad. Eso da cierta sensación de vuelo. Los recuerdos tarde o temprano deslizan a otra parte...

Allí, apremia el existencialismo —pienso— Demasiado miedo al olvido, pero también a la compañía. Una caminata para encontrar lo perdido... —Quizá le hace falta dejar de preocuparse por la existencia...— Eso le dirá el exbufón, sentado en loto, tras haber agsotado todas las risas ajenas, y descubrir que le hacía falta reírse a sí mismo. Entonces se volvió asceta y olvidó que habían olvidado los hombres —Río todo el día y sigo riendo—. Así supo que la felicidad es reír sin saber por qué. Dejar que el río corra sin preguntarle al agua por qué.

5 comentarios:

  1. Si el trolebús es una metáfora de un esqueleto vacío, el metrobús es la metáfora de una ballena de jonás que se fue a un bufet, he dicho.
    Jejejeje es broma!
    Me gusto tu texto Nat!
    Nos andamos viendo! Muchos saludos!!!
    Janik

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  2. Hueso!!! Mi trabajo que como bien sabes es en la Secretaría de Desarrollo Urbano de el GDF. Allí conocemos los planes y programas de transporte público. Hacemos presentaciones de cómo está cambiando, sabemos que nuevas rutas vienen y vemos como van creciendo. El trolebús es uno de los proyectos que pronto verás renovado en el Eje Central, sé que no viajas por allí, pero valdrá la pena ir a concerlo cuando esté listo. Y sí como bien anotas, tendrá su carril para él solito, para que no se pierda entre las ruedas de otros vehículos.
    Leer tu experiencia en el trole me hizo reflexionar acerca de las historias que viajan en el transporte de nuestra ciudad.....y que sea metáfora de esqueletos, ballenas o enormes gusanos naranjas que salen de un tunel como el metro,me parece maravilloso. Que tu viaje en el trole te inspire para escribir es para mi apasionante. Sí, la ciudad es una experiencia maravillosa, llena de paisajes, de vivencias...tus textos, las fotos de mi amigo Darío que ya te mandaré, y lo que día a día descubro y fotografío con mi celular para subirlo al Facebook hacen que el caos citadino tenga un misterioso encanto. Y si no has ido al suburbano ya tenemos otra cita pendiente! Yo tampoco he ido, así que vamos poniéndole fecha! Besos. Vac

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  3. Hay que cuidar la ortografía. Por ejemplo:aceta y reir. Se escribe asceta y reír.

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  4. Gracias por la observación. Por lo menos me agrada saber que fueron pocas... una en al emoción luego descuida la forma. Tzitzi e Isa, gracias por sus comments. Sí el post habla por sí mismo, la voz ahora es de ustedes... Saludos

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  5. Me gusta mucho el hilo y sobretodo tu capacidad de integrarte en esa envolvente sin tiempo que guardas en otro lugar que dejó vacío el presente. No había seguido la serie, pero ahora me considero fan 'Luis se ha hecho fan de parajes sin nombre'...

    Besos.

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