viernes, 23 de julio de 2010

Absolución

¬ ¿Quién es esta persona?
¬ Dice que ha cometido un crimen señor Juez.
¬ Aguarden, no se vayan. Quédense aquí por si los necesito.
¬ Sí, señor.
¬ ¡Usted! ¡Levante su rostro que no le veo al piso nada de interesante!
¬ ¿Así que ha cometido un crimen? Hace unos veinte años que no llegaba aquí alguien a entregarse libremente. Mire que desgarbado(a) luce.
¬ ¿Qué crimen cometió usted si puede saberse?
¬ ¡No puede hablar!
¬ ¿Será que un culpable no pueda hablar secretario Meléndez?
¬ ¡No se burle!, esto es cosa seria
¬ ¡Qué comience el juicio entonces! Ya sabe las reglas, responda sí o no con la cabeza según la respuesta que quiera dar.
¬ ¿Es usted casado? No. Bien. ¡Qué quiere!, ¿por qué se me acerca de ese modo y me enseña sus manos?
Meléndez sosténgalo(la).
Tendré que dejarme de introductorios
¿Ha cometido usted un robo? Niega.
¿Una falta al orden público? ¿Un asesinato? Ha asentido con la cabeza.
¡Suélteme la ropa por favor! ¡Meléndez, le dije que no le quitaras el ojo de encima!
¬ Se está muriendo señor.
¬ Qué muriéndose ni que nada, es tan culpable como todos los seres humanos, sólo que me aligera el trabajo…
¬ ¿Así que un asesinato? ¿Y a quién asesinó? ¿A su madre? No.
¿A su padre, entonces? No ¿A una pareja? ¿No? ¿Estamos hablando de un crimen pasional?
¡Es inútil Meléndez, este hombre ya no tiene capacidad de juicio, ni para bien, ni para mal! Aunque, bueno, ¿si no fue pasional, fue por amor? ¡Asiente! ¿Fue un crimen de amor? Bien ¿Asesinó al amor?, ¡qué digo! ¿Usted asesinó a alguien por amor?
¬ Sí, señor, sí ¡Ha asentido! No, espere. Dijo sí a lo primero.
¬ ¿A lo primero? ¿Cómo? ¿Usted ha asesinado al amor? Por favor, me río.
¬ ¿Cuál amor señor(a), el amor a los otros o el amor a sí mismo?
Está alzando su mano Meléndez dígame qué señal es esa que ha hecho.
¬ Parece que quiere decir que los dos.
¬ ¡Ah, hombre sin amor!, vaya a ver a un cura, a un sanador o un médico ¿Qué hace usted en un juzgado? ¿Quiere que la sociedad pitorrera lo juzgue?
Me vuelve a enseñar sus manos.
¬ Si me permite opinar señor juez, me parece que le está pidiendo que lo encadene, o que lo torture.
¬ ¿Pero cómo lo voy a torturar? ¿Puede haber más tortura para un hombre que perder el amor para sí mismo y su prójimo?
¬ ¿Traigo unas cadenas señor?
¬ No Meléndez, no puedo, no puedo sentenciar a esta persona, no, no, ¿no ves que no está en su sano juicio?
¬ Necesita eso para morir en paz señor. La condena, para él, es su paz.
¬ ¡No!, ¡no! y ¡no! ¿Cuándo se ha visto eso? ¿La condena, paz? ¿Estudió usted Leyes Meléndez?
¬ No señor, soy secretario.
¬ ¡Se nota! ¡No tiene idea Meléndez, no tiene idea!
¬ ¿Le mando traer la cadena, o unas esposas de menos?
¬ Está bien Meléndez pero…
¬ Gómez, por favor.
¬ En seguida secretario Meléndez.
¬ Ya trajeron las esposas, señor.
¬ Bien. Colóquenselas.
¬ No respira señor
¬ ¿Quién no respira?
¬ ¡El acusado Señor!
¬ ¿Está muerto? Pero no, si, si, si, se me abalanzaba hace rato y me, me, me enseñaba sus, sus manos y…
¬ ¿Ve, ve, ve lo que le dije? Este hombre ya no podía ser juzgado por la gracia humana Meléndez. Como juez sólo pongo y exijo los límites que la sociedad implanta, pero esto, esto es demasiado, demasiado.
¬ ¿Usted cree que era culpable?
¬ Sólo la muerte lo sabe Meléndez, sólo la muerte.
¬ Saca ese cadáver de aquí y di que el enjuiciado llegó moribundo.
Me voy. Hoy, hoy la vida me ganó el Juicio.

1 comentario:

  1. es curioso pero realmente el hombre al nacer ya esta condenado a morir sin necesidad de sentencia humana o divina

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