lunes, 28 de marzo de 2011

Escrito en una banca a orillas del río Oise, al atardecer, con rotulador azul

Un pato cruza el río.
Los árboles asoman sus hojas: La primavera.
Los aviones dejan su estela en el cielo.
En las nubes quedan guardados los destinos.
El río da otro nombre a la ciudad,
el río da otro rostro a la ciudad.

El sol es otra estela,
otro destino.
Los árboles, de nuevo,
¡ah!, asoman sus hojas,
refractan su cabellera
en el agua y el agua es una ciudad
de árboles, reflejada.

El río es la sonrisa de esta ciudad,
la cauda de esta ciudad.
El río es el caudal que cada estación
se sueña igual.

Sin embargo, en estas estaciones,
el río quedó atrapado en un recuerdo,
escrito con rotulador azul,
en una libreta maya,
donde ahora nada un pato,
cantan pájaros,
el sol se oculta y,
atardece.

Otro día abriré los ojos
y no estará el río,
ni el río podrá verme.

Él quizá no sepa que estuve en su orilla
que escribí su nombre: Oise,
en una libreta
y que en ella guardé todos los árboles
que se miran en su orilla,
la ciudad,
las ondas de agua que algún pez traza,
en el fondo.

24 de marzo del 2011, Compiégne, Francia.

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